Entre discurso y calle

Volví a una rueda de prensa cuando la distancia entre el discurso y la calle se volvió insostenible. Preguntar incomoda, sí, pero esta columna nace de esa decisión.

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Isaac Guzmán

1/8/2026

Hace años que no pisaba una rueda de prensa. Me cansé del teatro. Pero cuando la realidad desmiente al boletín, callar es ayudar. Volví para que cuando vuelva a pasar —porque va a volver a pasar— el Estado esté ahí. De verdad.

Roberto Alarcón Estrada, Coordinador General Estratégico de Seguridad; Juan Pablo Hernández González, Secretario de Seguridad Pública del Estado de Jalisco; Salvador González de los Santos, Fiscal del Estado de Jalisco y Juan Carlos Contreras Vargas, Director General de C5 Escudo Jalisco, dieron su primera rueda de prensa del año y hablaron de la ejecución de Alberto Prieto Valencia, por parte de integrantes del Cártel Jalisco Nueva Generación.

Escuché al Fiscal decir que no se descarta la complicidad de policías en el ataque armado.
Lo dijo sin titubear.
Y luego escuché algo peor: que no se investiga.

Ese es el corazón del problema en Jalisco.

No es que el Estado no sepa qué pasó.
Es que decidió no saber más de lo estrictamente necesario.

La rueda de prensa fue un ejercicio perfecto de administración del daño.
Frases largas.
Respuestas circulares.
Un lenguaje diseñado para no dejar huella.

—¿Fue complicidad?
—No lo sabemos.
—¿Lo están investigando?
—No.

Así, sin rubor.

La explicación oficial se refugia en una palabra cómoda: insuficiencia.
No es corrupción.
No es omisión.
No es falla estructural.
Es que no alcanza.

No alcanzan las patrullas.
No alcanza el personal.
No alcanza el Estado.

Pero sí alcanza para estadísticas.
Sí alcanza para decir que los homicidios bajaron.
Sí alcanza para insistir en que “un evento mediático” no puede opacar el trabajo diario.

Y ahí entendí todo.

Para ellos, la violencia es un problema de percepción.
Para nosotros, es una ausencia concreta.

Cuando pregunté cuándo tendremos un C5 que nos cuide, la respuesta fue un catálogo de siglas: 911, 089, coordinación, videovigilancia, trabajo 24/7.
Ninguna fecha.
Ninguna promesa.
Ninguna garantía.

Solo operación permanente.
Como si eso bastara cuando la vida se rompe.

Lo más honesto de la rueda de prensa fue cuando admitieron que estos hechos opacan la estadística.
No dijeron que les dolieran las víctimas.
Dijeron que les afectaban los números.

Ahí se rompe el contrato.

Porque gobernar no es alinear estrategias nacionales ni repetir que “en otros estados también pasa”.
Gobernar es responder cuando pasa aquí.
Cuando pasa ahora.
Cuando pasa a los tuyos.

Hoy Jalisco tiene autoridades que no descartan nada, pero tampoco se atreven a investigar demasiado.
Que administran el horror con Excel.
Que confunden seguridad con discurso.

Y nosotros, del otro lado, seguimos esperando algo muy básico:

No milagros.
No estadísticas.
No presentaciones.

Solo que, cuando vuelva a pasar —porque va a volver a pasar—
el Estado esté ahí.
De verdad.