La casa donde la justicia se hacía a golpes

Una casa común, paredes grises y olor a encierro: ahí la justicia se hacía a golpes. Del pasado a hoy, la tortura mutó en desaparición

PALOMERⒶPORTADA

PALOMERⒶ

8/28/20251 min read

Era 1998 y junto con una colega de Público empezamos a seguir un rastro que olía mal desde el inicio.

En Guadalajara muchos sabían que existía, pero nadie quería hablar de ella. Una casa común, de fachada gris, como tantas otras en la ciudad. Solo que adentro no vivía ninguna familia: ahí, policías investigadores llevaban a los detenidos para arrancarles confesiones.

No tenía rótulo, ni patrullas afuera. Era una boca de lobo disfrazada de vivienda.

Los médicos del reclusorio lo confirmaban después. “Llegan destrozados, como si los hubieran molido en un taller mecánico”, nos dijo uno. La directora del penal relató cómo tuvo que promover un amparo para no recibir a un hombre que ya no podía sostenerse en pie, pidió lo llevaran al hospital.

Esa casa no investigaba, fabricaba culpables.

La atmósfera política de Jalisco presumía cambio. Con el PAN en el poder, se prometía enterrar la vieja escuela priista de represión y corrupción. Pero en esas celdas se descubría lo contrario: la maquinaria de siempre seguía funcionando, solo con nuevos nombres.

Los Judiciales ahora se llaman Investigadores, pero mantuvieron sus casas clandestinas para arrancar confesiones. Los fiscales negaban lo evidente y funcionarios de las áreas de comunicación pedían “no exagerar” en las publicaciones.

Antes torturaban para investigar; hoy, difícilmente investigan. Hoy, la práctica recurrente es desaparecer.

Y décadas después seguimos con la misma maquinaria de siempre, operada por los ahijados de quienes estuvieron. Policías investigadores con casas clandestinas para arrancar confesiones, fiscales que niegan lo evidente y funcionarios que piden “no exagerar” la realidad.

Esa casa ya no está en pie, pero el método sigue vivo. La pregunta es si como sociedad también nos convertimos en cómplice al mirar hacia otro lado, como si las paredes de esa casa nunca hubieran escuchado nada.