Los cobardes

Los cobardes son los que no enfrentan las consecuencias de sus actos. Los que se esconden detrás de estructuras, de leyes, de silencios. Los que hacen daño no por necesidad, sino para esconder lo mierda que son. Son los primeros en disparar y los últimos en dar la cara. Son los que ordenan desde lejos, los que abandonan cuando se complica, los que mandan a la suplente a votar por ellos, los que callan porque “no les toca”.

PORTADAPOLÍTICA

Isaac Guzmán

5/23/20251 min read

Desde niño supe que este país estaba podrido.
No me lo enseñó un libro ni una película. Lo vi. Lo sentí. Lo viví.
Vi cómo a los valientes los castigaban y a los cobardes les abrían la puerta.
Vi cómo a quien hacía las cosas bien lo acosaban, señalaban como tonto, como ingenuo, como loco.
Y al que traicionaba, se vendía o pisoteaba, lo premiaban con un cargo, un ascenso, un escolta.

He trabajado como periodista desde octubre de 1993. He estado en redacciones, en oficinas de gobierno, en mesas con funcionarios, en reuniones con empresarios, en pasillos donde se decide más de lo que se admite. También intenté emprender. Y en cada uno de esos espacios vi lo mismo:
Los cobardes siempre están.
A veces con placa. A veces con corbata. A veces con sonrisa.
Pero siempre están.

Los cobardes son los que no enfrentan las consecuencias de sus actos.
Los que se esconden detrás de estructuras, de leyes, de silencios.
Los que hacen daño no por necesidad, sino para esconder lo mierda que son.
Son los primeros en disparar y los últimos en dar la cara.
Son los que ordenan desde lejos, los que abandonan cuando se complica, los que mandan a la suplente a votar por ellos, los que callan porque “no les toca”.

A César Guzmán lo mataron unos de esos.
No me importa si usaban botas, traje o teléfono satelital.
Son cobardes. Porque le dispararon a un hombre desarmado.
Porque sabían que era incorruptible.
Porque no pudieron comprarlo, y por eso lo borraron.

Y no fue el único.

Carlos Amador murió con él.

Y Pablo Cajigal, que también estaba en esa mesa, hoy lucha por su vida.

Nueve disparos. Y sigue de pie.

“Los valiente no asesinan”, Guillermo Prieto.