Tarifa con condiciones
Suben la tarifa casi 40%. Luego ofrecen pagar menos si te registras y te credencializan. No es apoyo universal: es control selectivo. Baja la presión, construye padrón y compra silencio.
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Te aumento la tarifa casi 40% más.
¿Quieres pagar menos? Dame tu información y te credencializo.
Así funciona la “tarifa preferencial” de 5 pesos: no como derecho, sino como filtro. No como política universal, sino como premio condicionado. Te cobran más a todos, y luego te ofrecen una salida individual si aceptas registrarte, validarte, entrar al padrón, traer tarjeta, tomarte la foto, pasar por el módulo.
El anuncio suena bien, claro. En Jalisco pagar menos es casi una leyenda urbana.
Pero el corazón del mecanismo es otro: subo la tarifa como regla y reparto descuentos como control.
Y no es un control abstracto. Es práctico: credencializar a todos los estudiantes que quieran tarifa preferencial. Saber quiénes son, dónde están, por qué ruta se mueven, qué escuela los respalda. Un padrón robusto, una base de datos útil, una llave para administrar el beneficio… y también para administrarlos a ellos.
Además, sirve para algo políticamente valioso: apagar incendios selectivos.
Nadie marcha cuando hoy le bajan la tarifa.
Y menos si el acuerdo se opera con una universidad grande, con módulos en campus, con organizaciones estudiantiles que pueden contener el enojo.
El problema no es que exista una tarifa de 5 pesos. Ojalá existiera para más gente.
El problema es el modelo:
Tarifa alta para todos.
Descuento para quien se registra.
Y la narrativa de “apoyo” para cubrir el aumento.
Mientras tanto, lo que de verdad cambia la vida diaria —rutas, frecuencia, seguridad, unidades, tiempo de espera— se queda fuera del anuncio. La discusión se concentra en cuánto pagas, no en qué recibes.
Esto no es solo movilidad. Es gobernabilidad.
Un descuento que baja la presión, construye padrón y compra silencio.
